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'Máncora' es diferente a lo que he hecho







Jason Day estará en Estados Unidos para el estreno del filme que protagoniza con Elsa Pataky el 13 de marzo

"Máncora" ha sido su primer paso en el cine internacional y Jason Day dice que se trata de una película que ha trabajado de manera muy diferente a lo que venía haciendo. "Fueron ocho semanas en las que volqué lo que tenía adentro en un personaje que -creo- que es totalmente inesperado para Lima" y agrega que siente que el filme es casi como un diario personal.

Ahora, luego de que la película se estrenara en el Festival de Cine de Sundance y recibiera diversos tipos de críticas, tanto positivas como negativas, Day espera continuar en su camino hacia Hollywood. "Hago audiciones casi todas las semanas. Tengo una camarita que conecto a la computadora y mando audiciones", señala.
En un mercado mucho más difícil y competitiva que la local, Jason admite que si bien es consciente que él tiene que jugar el juego de la industria estadounidense y no pretender que sea al reves, está muy firme en qué es lo que quiere y a dónde va.

Day no quiere adelantar detalles de sus próximos proyectos, pero asegura que definitivamente en los próximos meses habrá algo. Por lo pronto, continuará con su trabajo como productor con la Compañía Peruana de Ilusiones, con la que hoy estrena la obra teatral "El misterio del ramo de rosas".
Cuando se empezó a promocionar “Mañana te cuento”, por tu nombre mucha gente pensó que eras un actor extranjero…
Y en “Máncora”, un día, el productor, que era español, me preguntó cómo era eso del Sindicato de Actores Peruanos. Le dije que no sabía, que ni siquiera sabía que existía. Me dijo: “Me han llamado y me exigen que pague por cada actor extranjero que viene al Perú y ahora que ha salido en los periódicos que Jason Day es el protagonista quieren que pague también por este actor extranjero. Yo les he dicho que es un actor peruano y no me creen” (risas).

No es un nombre artístico…
Es mi nombre, claro. La vez pasada mi agente estuvo de vacaciones acá en el Perú y le preguntó a mi madre por el “Jason Day”, que por qué un nombre inglés. Y ella le dijo: “No se va a llamar Jaime Day, pues”. Por el apellido, ¿qué podía hacer?

Aparte de “Esta sociedad”, has trabajado básicamente en cine, a diferencia de muchos actores locales que primero participan en series, novelas u obras de teatro para luego dar el salto al cine.
Lo que pasó fue que cuando tenía 14 o 15 años fui a hacer una audición para una película, “La furia de Aquiles”, basada en el libro de Gustavo Rodríguez. Me eligieron para hacer el personaje y comencé a ensayar mucho. Eso fue hace mucho tiempo, pero fue mi primera relación con el mundo profesional y entendí que hacer cine no era imposible y si lo que yo quería era eso, solo tenía que guardarme hasta hacerlo.

¿Cuál es tu relación con el teatro?
Ahora que tengo una empresa en Lima, que es lo que me mantiene con los pies en el Perú, decidí incursionar en el teatro porque me gusta mucho. Cuando estoy en Buenos Aires, que es una ciudad en la que ando mucho, veo dos funciones diarias por una semana. Veo muy buen teatro, veo grandes actuaciones y una de las cosas que más admiro de un actor es que sea verdadero en el teatro. Pero no me gusta ver mal teatro. Cuando veo mal teatro sí que la paso fatal, tengo pesadillas en la noche… Entonces, ahora decidí producir porque me la paso quejándome del teatro local. Me la paso diciendo “qué pasa con el teatro en el Perú, por qué no le creo a los actores, por qué como espectador no puedo engancharme o no sé engancharme…”.

¿Y por qué decidiste incursionar como productor y no como director?
Porque creo que es un mundo que llevo adentro. La mitad de mi vida la rijo como un empresario. Mi familia es de empresa, que yo fuera actor es obra del destino, no tiene nada que ver con la cultura en la que nací, con el tipo de educación que me dieron. Yo recuerdo de chico haber estado sentado con mi viejo viendo tele y lo que veíamos era la bolsa de Nueva York. Yo no veía con él cine de Buñuel, para nada. Entonces, he ido creciendo y tratando de buscar aquellas cosas que me estimulaban, que me generaban placer, que me interesaban y me motivaban y por ahí he logrado, de alguna manera, fusionar esas dos partes: el lado del empresario con el lado del artista.


¿Te gustaría dirigir en algún momento?
Creo que me gustaría dirigir fundamentalmente cine, que además es lo que yo he estudiado en Buenos Aires… He ido armando esta especie de rompecabezas. Tengo una figura final que quiero tratar de armar.

¿Cuál es?
Es una figura secreta. Me la guardo para mí, pero voy armando estas piezas, algunas no funcionan y las tengo que sacar.

¿Es una figura de ti, de cómo te ves en determinado tiempo?
Sí, de qué es lo que quiero hacer.

¿Quieres mantener eso en secreto quizás porque tienes miedo de no poder lograrlo?
No es secreto, pero es uno de mis sueños. Es algo privado, personal, que quiero que sea mío. Me gusta ver cómo reacciono respecto a las cosas que hago, cómo reaccionan los demás. Si de pronto decido producir algo, se preguntarán qué hace este chico produciendo y, claro, no tienen idea de que es algo que vengo buscando hace mucho, que no podía producir hasta colocarme de alguna manera en algún lugar.
Todo tiene una especie de por qué, no es que tenga una gran estrategia debajo de mi cama, pero voy construyendo.

Ahora que sabes lo que es montar una obra, ¿has cambiado esa crítica al teatro local?
No, me hago la crítica a mí también. La verdad es que tiene que ver con que nos faltan horas de vuelo. Nos falta producir mucho más teatro y exigirnos para que cada montaje cargue con mucha verdad, con planos de lectura, y eso también tiene que ver con cuánto teatro vemos. Por eso es que es importante que haya teatro porque tenemos que ver teatro y hacerlo.

¿Tienes pensado continuar produciendo teatro?
Tenemos un proyecto de otras características, es mucho más grande. Vamos a ver si lo hacemos en los próximos meses o si lo aguantamos un poco. Si hay algo de lo que no quiero pecar es de ambicioso, por eso esta es una obra pequeña. Quisiera mantener a la Compañía Peruana de Ilusiones en cartelera, agudizar ciertas características de nuestros montajes. O sea, que las personas reconozcan en el espectáculo elementos, ideas y sensaciones de nuestros montajes. Quiero llegar a eso.

Actor internacional

“Máncora” ha sido tu primer paso en el cine internacional…
“Máncora” me abrió las puertas de una manera y en un momento muy particular en Hollywood. “Máncora” apareció en Sundance cuando comenzó la crisis en Hollywood. Ahí conocí a mis agentes, mis mánagers, mis abogados, a todos los que me representan en Los Ángeles. Como ellos tenían poca actividad, tenían tiempo para conocerme, para sentarse a tomar un café conmigo, cosa que hace dos años hubiera sido imposible probablemente. Pero ahora me dieron tiempo, regresé luego a Los Ángeles, tuve un año de conocer a los grandes estudios, a los pequeños, a los medianos…
Hago audiciones casi todas las semanas. Tengo una camarita que la conecto a la computadora y mando audiciones. He audicionado para todo lo que te puedas imaginar. Me parece divertidísimo porque en el pasado no me tocó hacerlo. En Lima no me tocaba tener que entrar a una sala con diez personas con las que alguna manera compartía algunas características.

Pero no tienes el tipo latino.
Pero tampoco tengo el tipo de un judío de Boston. Estoy en un lugar complicado en el que no tengo ni un look ni otro, pero trato de amoldarme. Un día me toca estar entre los latinos por el personaje del inmigrante y otras veces voy al personaje del chico rubio y 'cool' de California. Lo que hago es probar, probarlo todo. Me meto a todas las audiciones posibles porque para mí es un ejercicio, porque tengo esta visión de la vida –que no sé por cuánto tiempo va a durar- que las cosas ocurren en el momento que tienen que ocurrir. No es una cuestión de que si hago bien o mal la audición, sino si soy la persona correcta entrando en ese momento y siendo vista por la persona correcta que busca eso en específico. Es como un conjuro.

¿Cuáles son tus aspiraciones actorales en este momento? ¿Qué es lo que estás buscando?
El asunto conmigo y los personajes es que empecé a entrenar con un 'coach' dentro de un sistema actoral que se llama “El método”. Esto generó muchos cambios en mí, en la relación con mi trabajo y en mi vida. Y en mi relación con mi trabajo, comencé a sentir una urgencia de encontrarme con cierto tipo de personajes, personajes que despierten ciertas cosas en mí; o sea, usarme a mí como primera gran herramienta de trabajo. Entonces, para mí es muy importante encontrarme con un personaje correcto más que simplemente trabajar, aunque a veces tengo la presión de los agentes que me dicen que necesitan que la gente me vea, que haga una película en inglés…
Y claro, yo tengo que ceder a muchas cosas obviamente, pero sí voy buscando un tipo de personaje: ese que mientras lo lea me llene de una serie de sensaciones que me digan sí, tengo con qué trabajarlo.
Lo que yo solía hacer era actuar imitando lo que ya conocía. Si tu actúas imitando no importa el personaje porque siempre vas a encontrar un cliché que te permita construirlo. Y ahora no lo podría hacer porque pasó encima de mí un entrenamiento muy duro y muy fuerte.

¿Este entrenamiento fue después “Máncora”?
Empecé después de “Máncora”, pero esta ha sido una película que he trabajado de manera muy diferente a lo que venía haciendo. Fueron ocho semanas en las que volqué lo que tenía adentro en un personaje que –creo- que es totalmente inesperado para Lima. Respecto a lo que se ha visto de mí, a pesar de que “Máncora” es más “yo” que todo eso, creo que van a reconocer menos de mí. Ha llegado un punto en el que casi no quiero que se estrene porque es como un diario personal.

¿Porque has salido del estereotipo del chico pituco y simpático en el que te estabas encasillando?
Es verdad que estaba empezando a ver una especie de encasillamiento que tenía que ver con lo que estaba haciendo. Es culpa mía. Tampoco es algo malo, pero no era lo que yo buscaba.

Tú habías dicho que no querías ser un galán ni que te vieran como tal.
Con todo el respeto que se merece un galán, porque menuda responsabilidad la que tienen. Pero yo nunca me he sentido así…
Tiene que ver con eso: uno no solamente es encasillado por el exterior sino por lo que decide hacer. Y claro, en las pocas oportunidades que hubo -porque yo solo he hecho cuatro o cinco cosas- de pronto los personajes se parecieron y yo, la verdad, nunca fui muy riguroso en elegir el personaje, sino el proyecto.

¿Ahora sí te sientes como para elegir tus personajes?
Ahora estoy entrando a una industria muy grande en la que yo debo jugar el juego de la industria y no puedo pretender que sea al revés, pero sí soy muy firme en qué es lo que quiero y a dónde voy. Si en el camino me equivoco -seguramente lo voy a hacer-, me arrepentiré yo solo en las noches.

Al inicio, lo único que mucha gente vio fue una cara bonita. ¿Cómo te sentías con eso?
No vieron el acné… Mientras sirva en beneficio de un personaje, de un proyecto o de mí, enhorabuena.

¿Crees que te sirvió?
Sí, creo que todo lo que ha ido pasando ha sido muy beneficioso. No tengo recuerdo de algo que haya sido contraproducente. No le tengo miedo a la etiqueta física… Creo que puedo ser lo uno y lo otro. En “Máncora” estoy completamente pelado, con ojeras y muy flaco; no me parece que esa sea una cara bonita.
Al inicio sentía que me iba a restar seriedad, pero ahora, para nada. Si alguien cree que tengo una cara bonita, gracias.

¿Te preocupas por la imagen que das, cuidas tu físico?
Cada vez que llego a Los Ángeles mi mánager me recoge del aeropuerto y me lleva a que me corten el pelo y a que me afeiten, porque no lo hago, porque me da igual en realidad. Me gusta verme como me gusta verme.
Me ha pasado que se ha acercado una chica de 15 o 16 años a decirme que por qué me he cortado el pelo. Entonces, yo trato de explicarle que lo que ella veía y lo que a ella le gustaba era un personaje y que ese personaje no era yo.

¿Te tomaste la molestia de explicarle por qué te habías cortado el pelo?
Eso me pareció que se merecía una conversación. Nunca nadie me había dicho algo así y ella le estaba reclamando a su personaje que se lo había encontrado en la calle y no era el mismo. Y a mí me interesaba indagar un poco en esa decepción porque por ahí la puedo utilizar para algo. Le dije que soy una persona muy diferente a la que ella pensaba, que me había cortado el pelo porque me había dado la gana, porque no sigo parámetros de belleza ni de nada, sino simplemente de comodidad y de cómo me provoca estar, que tenía una vida privada, que no vivía para el público… Y ella me seguía deciendo “pero se te ve tanto mejor como Sebastían”. Y bueno, le recomendé que buscara a su Sebastián en la vida real, que no era yo.

Me comentaste que vivías en un torbellino a un ritmo esquizofrénico. En todo eso, ¿dónde queda tu vida personal?
Queda en dedicarme a empezar a cumplir mis sueños y me siento muy feliz con eso. Tengo una muy buena relación con la gente que está a mi alrededor. Cada cosa en su momento…

¿Crees mucho en el destino o me parece?
Es como que el destino me ha invitado a creer en él (risas). Yo era súper escéptico y soy un iconoclasta absoluto. No pertenezco a ninguna corriente religiosa ni de creencias ancestrales ni nada de eso, pero he comenzado a creer mucho en que las cosas ocurren por algo. Es inevitable, no puedo ir en contra de eso porque tengo como señales. Entonces, trato de estar muy abierto y muy sensible de lo que pasa alrededor.
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